El puñetazo por Ceuta de la diputada Vidal. La intervención en el pleno de la portavoz de Sumar fue una lección de política sin artificio, hablando de frente y con el lenguaje de la gente, de amargas verdades como puños. Pablo Ordaz en el País. Foto de Claudio Álvarez.

Cuando ella subió a la tribuna, Santiago Abascal ya se había marchado, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo miraban aburridos sus móviles y todo apuntaba a que la sesión parlamentaria, otra vez, iba a terminar en fracaso. De unos y de otros, porque a ver si no es un fracaso de la política española ese diálogo de besugos constante, esa exhibición de dardos envenenados, de chistes que a saber quién escribe para que ellos repitan sin convicción y sin gracia. Pero esta vez, tratándose de lo que se trataba, con más de 80 cadáveres sobre la morgue de Ceuta, cientos de niños durmiendo en el suelo con la misma ropa que hace un mes y una ciudad que vive con el corazón encogido porque basta una chispa para que todo salte por los aires, el postureo politiquero resultaba insoportable. Y, de pronto, algo, un tono, una frase, una manera de decir las cosas que sonaba a enfado de verdad, a rabia, a puñetazo en la mesa, a mirar a la cara y preguntar de frente:

―¿Hasta dónde quieren llegar sus señorías? ¿Hasta que maten a alguien?

Ni Sánchez ni Feijóo fueron capaces de sostenerle la mirada. La diputada empezó por el presidente: “Hoy debería haber anunciado que iba a defender los derechos humanos de los miles de niños que están esperando en Ceuta”. Y dirigiéndose a todo el hemiciclo advirtió: “Son niños, señorías, niños, no invasores, no soldados, no venían con bombas, venían a lo sumo con un flotador, llorando; eran niños, no enemigos, y delante de un niño solo y asustado sin su familia, sin un lugar donde dormir y comer, la única respuesta posible es acoger y proteger”.

El siguiente sopapo fue para el líder del PP: “Solidaridad con Ceuta, dicen en Vox y el PP, pues sean solidarios. No basta con decir que Ceuta está desbordada y luego negarse a recibir menores en sus comunidades. Si quiere ayudar a Ceuta, lo tiene sencillísimo, coja su teléfono móvil y llame a sus presidentes autonómicos. Usted tiene una llave muy poderosa, muy poderosa. Ser patriota significa hacerse cargo de los problemas de su país, no agrandarlos”. Feijóo, como antes Sánchez, evitaba mirar a la diputada, que seguía golpeando, sin respiro, ahora al diputado de Vox José María Figaredo: “Ha hablado de cazar migrantes. Ha utilizado esta tribuna para hablar de seres humanos como si fueran animales. Él sabe por qué utiliza esa palabra. Es una manera de deshumanizar. Primero son ilegales, luego invasores, luego enemigos, luego una plaga y ahora piezas que se pueden cazar. Se les borra el nombre, luego el rostro… Si un diputado señala una presa, algún troglodita puede pensar que tiene permiso para salir a cazar. Las palabras tienen consecuencias, claro que las tienen. ¿Hasta dónde quieren llegar sus señorías? ¿Ahora se esconden y miran el móvil?”.

En su dura intervención también admitió los fracasos del Gobierno. Miró a Pedro Sánchez: “Marruecos tendrá que dar explicaciones, pero algunas reflexiones también tenemos que hacer nosotros. La política de apaciguamiento de Marruecos ha fracasado. Se lo advertimos cuando abandonaron al pueblo saharaui. Los derechos de un pueblo no se intercambian por la supuesta tranquilidad diplomática”.

Se llama Aina Vidal, es diputada de Sumar, pero sean cuales sean sus simpatías políticas, les recomiendo que busquen su intervención. Son 10 minutos sin postureo, hablando de frente y con el lenguaje de la gente, de amargas verdades como puños. Como puñetazos.